Al rescate!

Como sucedía en los cómics de Marvel que leía de pequeño, por fin llegan los vengadores para restablecer la justicia en el mundo y aliviar el sufrimiento de los débiles. Por unos momentos parecería que nadie iba a venir a salvarnos, que los malos se saldrían con la suya y el caos se adueñaría del mundo. Las malas artes de los villanos y sus acólitos habían llegado a aturdir los superpoderes de nuestros héroes. Sin embargo, pasado el momento de tensión, aparecen en tropel los buenos dando mamporros a diestro y siniestro.

Y hoy por fin es ese momento. Los superpoderosos unirán sus superpoderes, que un día guardaron en el cajón del despacho presidencial. Los villanos serán relegados a meros personajillos infelices, obligados a devolver todo lo robado y arreglar todo el mal hecho. Todos seremos felices y comeremos perdices por siempre jamás.

Pero la vida no es un cómic de Marvel…

El Olvido

Un artículo me ha hecho sentir de nuevo una rabia contenida y un atroz sentimiento de injusticia. Una ira causada por el vergonzoso olvido en España y la sensación de que se han reído durante mucho tiempo a nuestras espaldas.

Hay que admitir que nos vendieron la moto. Nos la vendieron bien, si señor; y a un precio nada barato. Nos olvidamos de nuestros muertos y de los desaparecidos, que aquí también los hubo. Ya nunca más hubo apátridas y la República fue un sueño de verano. La moto de la reconciliación nacional y del final de las dos Españas era una mentira piadosa para aliviar la conciencia de los que prefirieron olvidar.

Pero los olvidos generacionales deben todo su sentido a aquellos que prefirieron ignorar, y hoy mucha gente como yo empieza a pensar que no está mal eso de “traer cosas al recuerdo”. No más complejos de inferioridad, no más silencio forzoso, no más amenazas de delirios guerracivilistas. Queremos justicia, queremos que se metan la moto por donde les quepa. Queremos saber y que se sepa.

Y qué fin sea el que mueva al juez Garzón, si lo mueve su egocentrismo, si lo mueve su ansia de popularidad, si lo mueve un interés político o simplemente la justicia, da igual. Él se mueve mientras que otros sólo miran.

Otro más hablando de Georgia

Es curioso cómo se difunden los temas en la blogosfera. En estos días de asueto, en los que no he dejado de visitar mis blogs preferidos, la cuestion de Osetia-Georgia-Rusia no ha dejado de estar presente en casi ninguno. Esto habla de la importancia que ha conferido este enfrentamiento desde el primer momento para casi todo el mundo.

La cuestión que me planteo, ingenuamente, es por qué. Por qué se ha llegado a esta situación y por qué desde el primer momento todos supimos que algo estaba en juego  en la lejana Georgia. Las respuestas geopolíticas -contrapartida por parte de Rusia de lo llevado a cabo por la OTAN en Kosovo y la red de misiles a punto de ser instalada bajo las narices de Putin-, así como las razones económicas y energéticas del petróleo cáspio me parecen las más realistas. Sin embargo, maldita desconfianza en los medios, todavía hay algo que me huele a podrido en Dinamarca.

Ahora que Rusia ataca a Georgia en pro de la defensa de los “rusos” de Osetia del Sur, no puedo dejar de pensar en la invasión alemana de Checoslovaquia en pro de la defensa de los germano parlantes de la zona de Bohemia y Moravia, parecida excusa pero ¿algo que ver en lo que esconde? En el ´39 fue el comienzo de la expansión de la mayor potencia de Europa, ahora encarnada por la Rusia de Putin, en defensa de su “espacio vital”.

¿ Se sentirá Rusia un tanto agobiada por la presencia de la OTAN  en sus puertas occidentales? ¿Le producirá úlcera de estomago a Putin el colonialismo económico occidental en las repúblicas exsovieticas hasta ahora bajo su influencia? ¿Sentirá el Kremlin la tentación de “asegurarse la amistad” de sus vecinos? No, seguro que no… Pero aún me suenan raro esos nacionalistas rusos de Osetia, no lo puedo evitar.

España chiringuitera

La utopía social que supone un chiringuito playero de cualquier localidad costera española debería ser estudiado en profundidad por los sociólogos.

Cuando llegamos a la playa, al poco tiempo ya tenemos un chiringuito de cabecera, sí, igual que el médico. En el chiringuito confiamos, nos ponemos en sus manos para cuidar nuestro estómagos y refrescar nuestro cuerpo. Hay otros chiringuitos en la playa, pero el nuestro es este. Puede que no sea el más cercano ni el más barato, pero el nuestro es este. También puede que vayamos ocasionalmente a otro chiringuito, pero será para acompañar a un amigo y siempre saldremos pensando en lo mal que atienden y deseando llegar a nuestro chiringuito.

Al igual que esta segregación realizada al azar, los chiringuitos españoles tienen la cualidad de unir a la población haciendo tabla rasa en la escala social. Si bien es cierto que sería extraño encontrar a alguien de la aristocracia en el chiringuito (nunca sé por donde puede salir Marichalar), este tipo de establecimientos tienen la capacidad de reducir al mínimo singularidades tales como: cocodrilos en el polo, pantalones de pinzas, camisas ralph lauren ó zapatos italianos y en el extremo opuesto: monos de trabajo azules, camisas de franela, botas de seguridad con refuerzo en la puntera ó pantalones de pana resistentes al paso del tiempo. Todo esto desaparece para dejar paso a dos leyes transversales e igualadoras de todos los clientes del chiringuito:

  • cuando te sientas en esas sillas de plástico siempre sale michelín.
  • meter barriga todo el tiempo es físicamente imposible, siendo la relajación de barriga proporcional al número de cervezas consumidas.

Feliz veraneo.

Carpe diem

Porque mañana nadie sabe, porque mis cimientos son de barro, porque seguras sólo tengo dos cosas, y una no depende de mí…

Aprovecha el momento.

La resaca

Se ha levantado temprano. Ya no tiene sueño, pero el sueño ha sido bonito. Por una vez en la vida su sueño se cumplió, por una vez en la vida había disfrutado tal y como imaginó alguna vez, y alguna vez fue esta vez.

Sale a la calle y sube al coche, y ese maldito pitido le recuerda que tiene una cita ineludible. Y el pitido con el que le habla el auto es el despertador de la mañana. Se toca el bolsillo y hunde la mano rascando el fondo, buscando al final del todo, en esa pequeña esquina de la tela donde podría esconderse una moneda. Hoy no hay suerte. Parece que la suerte este año se acabó después de una tanda de penaltis.

Empieza su ruta en busca del trabajo que perdió hace un mes, aún no recuerda dónde lo dejó. Busca en todos los esqueletos de edificios que encuentra en su camino, pero son huesos raídos sin vida y sin su trabajo. “Trabajo, trabajo. Dónde está mi trabajo”.

Y sucede que muchas veces cuando nos despertamos aún conservamos la sonrisa del sueño reciente, pero sin embargo no conservamos su recuerdo o no logramos entender por qué nos hizo tan felices.

Oé, oé, oé…

Como ya hace unos días que no me digno a escribir, la vuelta de estas vacaciones de vagancia blogueril me he decidido a hacerla hablando del tema que precisamente hoy está en boca de todo el mundo. Sí, pasó la selección española de cuartos.

Quiero comenzar confesando que soy un ser afutbolístico, que no puedo acabar de ver un partido completo por el sopor que me produce y para mi desgracia (social) sigo asociando ese rancio olor de domingo de carrusel al de la amapola reina, barra libre de opio para todo el mundo. Ni siquiera soy de los que en ocasiones como esta, unen sus voces a la hinchada general en apoyo de la selección.

Pero hoy no, no voy a ser el culo del pepino y pese a mi hastío profundo por el fútbol, he de reconocer que ayer España pasó de cuartos. Y no digo ya la selección, sino todo el país, que superamos un complejo de inferioridad de décadas de forja y sufrimiento. Una mentalidad social que gracias a desenlaces como el de anoche, puede llegar a redimirse de la mezquindad y la mediocridad, y sacar pecho al menos por un tiempo, un día o una noche. Hasta que la volvamos a cagar.

Así que aquí me hallo, cabalgando a lomos del caballo salvaje del fútbol y de la selección. Puede que me inyecte por vena un partido o dos más. Mañana será otro día, de resaca y probablemente de clínica de desintoxicación, pero esa es otra historia… Y tranquilos que yo controlo.



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