Archivar página 2

La justicia

Ni palabras tengo para definir como está últimamente la cosa. Entre huelgas y sentencias por cumplir o nunca ejecutadas, la cosa está que arde, y para muestra un botón. Por lo menos al final, después de unos añitos parece que se hace justicia.

Como yo no tengo ni idea de la situación que se vive en los juzgados españoles, no opinaré del trabajo realizado por nadie sin saber las condiciones bajo las que se realiza. Pero sí me pienso quedar a gusto como un ciudadano más que observa la desgracia y los problemas derivados de la insostenible situación de la justicia en España. Que un pilar básico de cualquier democracia mantenga estos niveles de ineficacia, ineficiencia  y atraso con respecto del resto de la sociedad, es algo imperdonable para el sistema judicial español y para quienes no lo dotan de los medios necesarios para realizar su labor, la justicia.

A ver si en la agenda de alguno de los que están hoy de debate en el  Congreso, hay alguna fantástica idea o al menos la firme decisión que resuelva de una vez todo esto. La esperanza es lo último en perderse, no?

La vida fácil

Muchas veces me he preguntado el por qué de mi ideología. No soy una persona cerrada a intentar comprender los puntos de vista diferentes a los míos, incluso muchas veces dudo seriamente de mis principios y tengo que buscar una respuesta que me haga reconciliarme con mi forma de ver el mundo y no por dogmatismo sino porque realmente es la que realmente me convence y siento como verdadera.

En ocasiones no me gustaría ser así, me gustaría ver en blanco  y negro o a través de un cristal polarizado. Después de ver lo claro que lo tienen muchos me parece una debilidad el plantearme mis principios, compararlos con los que difieren de mí. Y es que debe ser muy sencillo seguir ciertos pensamientos o ideologías. Debe ser fácil achacar gran parte de los males a los moros, ecuatorianos, etc, “yo no soy racista, pero…” y no verte como un facha, incluso olvidar las historias que tu padre contaba de cuando estuvo en Alemania. Debe ser sencillo vivir la vida pensando que quien la hace la paga para toda la vida y si le va la vida en ello, pues mejor: Viva la pena de muerte para todo lo que sale por la tele! aunque un día seamos nosotros los que salgamos en Gente. Es fácil alzarse en la certeza de tu posición, no escuchar y no dejar hablar. Es fácil seguir lo que todo el mundo dice cuando ni piensan lo que dicen. Es muy fácil dejarse llevar por la marea.

Lo difícil es pararse a pensar por uno mismo. Lo difícil es no dejarse engañar por lo que nos cuentan en la tele, ni dejarse arrastrar por las corrientes de opinión. Es muy difícil aguantar los embates del populismo y del neofascismo y mantener tus posiciones. Es muy dificil hoy en día no caer en lo fácil. Y será dificil, pero por conciencia, seguiremos avanzando.

La renovación

Parece ser que próximamente el señor Rajoy hará pública la decisión en la que ha estado trabajando desde su traspiés electoral. Por fin dará a luz las nuevas caras que se encargarán de la dirección de PP a partir de ahora. La verdad es que me importa bien poco quiénes sean, pero escribo esto para hacer notar el final anunciado de la vida política de unos personajillos de película negra que en su día lo fueron todo en el gobierno de esta nación: mis queridos Angel y Eduardo.

Después de haber sido en estos años el poder en la sombra de la oposición con caras sonrientes de perro de presa, estos anacrónicos políticos van a pasar al olvido mediático. Dos grandes aspirantes a hazañas electorales, dos paladines de la derecha más clásica de este país, dos trepadores con los codos bien posicionados para salir siempre en la foto. Se acabó el chollo.

La herencia de la fase más derechona de los gobiernos de Aznar, aquella en la que ya nadie se acordaba de Manuel Pimentel como ministro y parecía que nunca iba a volver a existir una política social en España. Los mejores mandados para los “trabajos sucios” y los que menos escrúpulos han mostrado diciendo barbaridad tras barbaridad desde el 14/3/04 hasta que por fin la memoria de las víctimas se  honró con una sentencia.

A ver si no los vuelvo a ver.

Al final

Cuando los padres ya no son ellos mismos. Cuando las cabezas van y vienen y no sólo las de ellos, también las nuestras buscando una solución. No cualquier solución, porque cualquier solución no es la que te habrían ofrecido ellos a tí. Cuando te amarga pensar que el camino pica hacia abajo y no puedes poner un freno de ninguna manera.

En ese momento que muchos tendremos que pasar, nos planteamos qué somos antes; si hijos, si padres, si trabajadores o enfermeras. Puede que seamos de los que sufren en el día a día, pero también podemos ser de los que sufren cargando con el sentimiento del deber no cumplido.

Al final da igual, la herida sangrará igual, escogiendo una vía o cualquier otra que peregrinamente hayamos elegido. Porque nos sangra saber que alguien que nos cuidó para vernos crecer, ahora está en nuestras manos para llevarlo hasta el final. Y sangra porque no podemos, no sabemos o incluso, no nos lo permiten.

¿La solución? Quizás que no la haya o quizás que la vida o la misma sociedad que nos los arrebata, nos dé una cataplasma sanadora, paliativa. Una ayuda, una ley o una seguridad de que no estamos solos y de que hay alguien que nos entiende y nos apoya.

Los “juegos” de Pekín

Recuerdo cuando era un crío lo que significaban para mí los Juegos Olímpicos, era algo casi mitológico, una aproximación al mundo clásico y a unos valores en vías de extinción en nuestros días; y quizás esto ayudó a que me acercara al mundo del deporte desde pequeño.

El tiempo pasa y la inocencia se pierde, uno se entera de que los intereses políticos y económicos rigen en la elección de las sedes sobre cualquier cosa. Los patrocinadores se hacen fuertes en los respectivos comités por encima de los intereses de los patrocinados. En fin, la llegada al mundo real y a los valores de nuestro querido capitalismo.

Un paso más en esta creciente decepción es ver como, dentro de unos meses, Pekín será sede de unos Juegos Olímpicos después de prometerse una mejoría en el respeto a los derechos humanos en China. Unas promesas que, aún habiendo mejorado la situación en algunos aspectos, han sido en vano en la mayor parte de los casos. La limpieza de las calles de Pekín de “indeseables”, sin juicio ni una clara acusación real, no sólo no han desaparecido sino que han aumentado. La censura y la presión sobre los periodistas chinos continúa igual o mayor que en tiempos pasados y la pena de muerte sigue vigente. Los escasos datos que facilita el Estado chino dicen que disminuyen las ejecuciones y que revisan todos los casos, pero China sigue siendo el primer país en aplicación de la pena capital. Más aún, el mercado negro de órganos para el transplante se nutre en gran medida de los ejecutados chinos.

Finalmente, podemos observar como el pozo sin fondo en que han caído los Juegos Olimpicos que un día pensó el barón de Coubertin siguen su caída hacia convertirse en un espectáculo más, sin más valores ni más enraizamiento social que la Superbowl o la Champions League, mera diversión. Algo lamentable al tratarse de un movimiento que durante años, y aún hoy pretende el COI que así sea, ha promovido valores loables en cualquier sociedad, el llamado “espíritu olimpico”.

Supongo que los razones que impulsaron al COI a proclamar Pekín como sede del 2008, estarían basadas en las esperanzas de cambio en una sociedad privada de derechos humanos fundamentales más que el pujante poder económico y político de China. Espero que en los meses que faltan para la celebración de los Juegos, las cosas cambien radicalmente en China (ejem…). Y si no es así, espero que el COI recapacite sobre su labor.

Inocencia al margen y cambiando de tema, el COI advierte hoy del riesgo para los atletas en Pekín por la polución.

Y no, de los últimos muertos en la represión del Tibet no se pronuncian…

Página anteriorEntradas siguientes »