Archive for the 'deporte' Category

Oé, oé, oé…

Como ya hace unos días que no me digno a escribir, la vuelta de estas vacaciones de vagancia blogueril me he decidido a hacerla hablando del tema que precisamente hoy está en boca de todo el mundo. Sí, pasó la selección española de cuartos.

Quiero comenzar confesando que soy un ser afutbolístico, que no puedo acabar de ver un partido completo por el sopor que me produce y para mi desgracia (social) sigo asociando ese rancio olor de domingo de carrusel al de la amapola reina, barra libre de opio para todo el mundo. Ni siquiera soy de los que en ocasiones como esta, unen sus voces a la hinchada general en apoyo de la selección.

Pero hoy no, no voy a ser el culo del pepino y pese a mi hastío profundo por el fútbol, he de reconocer que ayer España pasó de cuartos. Y no digo ya la selección, sino todo el país, que superamos un complejo de inferioridad de décadas de forja y sufrimiento. Una mentalidad social que gracias a desenlaces como el de anoche, puede llegar a redimirse de la mezquindad y la mediocridad, y sacar pecho al menos por un tiempo, un día o una noche. Hasta que la volvamos a cagar.

Así que aquí me hallo, cabalgando a lomos del caballo salvaje del fútbol y de la selección. Puede que me inyecte por vena un partido o dos más. Mañana será otro día, de resaca y probablemente de clínica de desintoxicación, pero esa es otra historia… Y tranquilos que yo controlo.

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Los “juegos” de Pekín

Recuerdo cuando era un crío lo que significaban para mí los Juegos Olímpicos, era algo casi mitológico, una aproximación al mundo clásico y a unos valores en vías de extinción en nuestros días; y quizás esto ayudó a que me acercara al mundo del deporte desde pequeño.

El tiempo pasa y la inocencia se pierde, uno se entera de que los intereses políticos y económicos rigen en la elección de las sedes sobre cualquier cosa. Los patrocinadores se hacen fuertes en los respectivos comités por encima de los intereses de los patrocinados. En fin, la llegada al mundo real y a los valores de nuestro querido capitalismo.

Un paso más en esta creciente decepción es ver como, dentro de unos meses, Pekín será sede de unos Juegos Olímpicos después de prometerse una mejoría en el respeto a los derechos humanos en China. Unas promesas que, aún habiendo mejorado la situación en algunos aspectos, han sido en vano en la mayor parte de los casos. La limpieza de las calles de Pekín de “indeseables”, sin juicio ni una clara acusación real, no sólo no han desaparecido sino que han aumentado. La censura y la presión sobre los periodistas chinos continúa igual o mayor que en tiempos pasados y la pena de muerte sigue vigente. Los escasos datos que facilita el Estado chino dicen que disminuyen las ejecuciones y que revisan todos los casos, pero China sigue siendo el primer país en aplicación de la pena capital. Más aún, el mercado negro de órganos para el transplante se nutre en gran medida de los ejecutados chinos.

Finalmente, podemos observar como el pozo sin fondo en que han caído los Juegos Olimpicos que un día pensó el barón de Coubertin siguen su caída hacia convertirse en un espectáculo más, sin más valores ni más enraizamiento social que la Superbowl o la Champions League, mera diversión. Algo lamentable al tratarse de un movimiento que durante años, y aún hoy pretende el COI que así sea, ha promovido valores loables en cualquier sociedad, el llamado “espíritu olimpico”.

Supongo que los razones que impulsaron al COI a proclamar Pekín como sede del 2008, estarían basadas en las esperanzas de cambio en una sociedad privada de derechos humanos fundamentales más que el pujante poder económico y político de China. Espero que en los meses que faltan para la celebración de los Juegos, las cosas cambien radicalmente en China (ejem…). Y si no es así, espero que el COI recapacite sobre su labor.

Inocencia al margen y cambiando de tema, el COI advierte hoy del riesgo para los atletas en Pekín por la polución.

Y no, de los últimos muertos en la represión del Tibet no se pronuncian…

Los tramposos

Recuerdo aquellos meses de julio pegados al televisor. Indurain era el Alonso de entonces, soso pero ganaba, y todos disfrutabamos de aquello como algo propio. Se fomentaba el deporte con aquellas gestas en la ronda francesa. El ciclismo hacía furor en las carreteras patrias. Y todos éramos un poco más inocentes.

Hoy, el Tour de Francia no bate récords de audiencia en la tele. Las peñas ciclistas siguen ahí como toda la vida, pero el boom del pedal se ha extinguido. Muchos medios sólo se acercan ya como aves de rapiña para ver las vergüenzas de este deporte, y en la mente de muchos ronda una terrible sospecha sobre todo el ciclismo.

Una pena, una desgracia, pero sobre todo un gran problema que puede acabar con años de historia, de auténticas heroicidades y con la reputación de grandes deportistas. El ciclismo no es dopping, o al menos, no debería serlo. Que vuelva la inocencia perdida, por favor.