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El Olvido

Un artículo me ha hecho sentir de nuevo una rabia contenida y un atroz sentimiento de injusticia. Una ira causada por el vergonzoso olvido en España y la sensación de que se han reído durante mucho tiempo a nuestras espaldas.

Hay que admitir que nos vendieron la moto. Nos la vendieron bien, si señor; y a un precio nada barato. Nos olvidamos de nuestros muertos y de los desaparecidos, que aquí también los hubo. Ya nunca más hubo apátridas y la República fue un sueño de verano. La moto de la reconciliación nacional y del final de las dos Españas era una mentira piadosa para aliviar la conciencia de los que prefirieron olvidar.

Pero los olvidos generacionales deben todo su sentido a aquellos que prefirieron ignorar, y hoy mucha gente como yo empieza a pensar que no está mal eso de “traer cosas al recuerdo”. No más complejos de inferioridad, no más silencio forzoso, no más amenazas de delirios guerracivilistas. Queremos justicia, queremos que se metan la moto por donde les quepa. Queremos saber y que se sepa.

Y qué fin sea el que mueva al juez Garzón, si lo mueve su egocentrismo, si lo mueve su ansia de popularidad, si lo mueve un interés político o simplemente la justicia, da igual. Él se mueve mientras que otros sólo miran.

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La vida fácil

Muchas veces me he preguntado el por qué de mi ideología. No soy una persona cerrada a intentar comprender los puntos de vista diferentes a los míos, incluso muchas veces dudo seriamente de mis principios y tengo que buscar una respuesta que me haga reconciliarme con mi forma de ver el mundo y no por dogmatismo sino porque realmente es la que realmente me convence y siento como verdadera.

En ocasiones no me gustaría ser así, me gustaría ver en blanco  y negro o a través de un cristal polarizado. Después de ver lo claro que lo tienen muchos me parece una debilidad el plantearme mis principios, compararlos con los que difieren de mí. Y es que debe ser muy sencillo seguir ciertos pensamientos o ideologías. Debe ser fácil achacar gran parte de los males a los moros, ecuatorianos, etc, “yo no soy racista, pero…” y no verte como un facha, incluso olvidar las historias que tu padre contaba de cuando estuvo en Alemania. Debe ser sencillo vivir la vida pensando que quien la hace la paga para toda la vida y si le va la vida en ello, pues mejor: Viva la pena de muerte para todo lo que sale por la tele! aunque un día seamos nosotros los que salgamos en Gente. Es fácil alzarse en la certeza de tu posición, no escuchar y no dejar hablar. Es fácil seguir lo que todo el mundo dice cuando ni piensan lo que dicen. Es muy fácil dejarse llevar por la marea.

Lo difícil es pararse a pensar por uno mismo. Lo difícil es no dejarse engañar por lo que nos cuentan en la tele, ni dejarse arrastrar por las corrientes de opinión. Es muy difícil aguantar los embates del populismo y del neofascismo y mantener tus posiciones. Es muy dificil hoy en día no caer en lo fácil. Y será dificil, pero por conciencia, seguiremos avanzando.

Vuelta a las andadas

Bien, después de recibir un tirón de orejas y después de pasar un bache tecnológico (benditas compañías de telecomunicaciones); reinicio mi palabrerío por estás páginas.

Sin ninguna gana, también he de decirlo, de comentar nada acerca de Borbones inspirados ni de semidictadores charlatanes. Temas muy en boga en la blogosfera, pero un tanto cansinos y manidos por el uso, al menos para mí. Más bien, hablaría de algo que está pasando mucho más cerca de nosotros y que nos afecta más que el silencio ó no del Sr. Chavez. Me refiero al reverdecimiento, si alguna vez llegaron a desaparecer, de las asociaciones fascistas y neonazis en nuestro país.

Me entristece ver cómo en los medios se ha decidido claramente la priorización de las noticias a favor del incidente diplomático sobre el asesinato racista de un chaval o la tolerancia de manifestaciones fascistas y nazis por parte de los jueces españoles. Me cansa esa hipocresía en la prensa, que dos semanas antes eran el paradigma del antiracismo (caso del cercanías de Barcelona) y la desidia de tanta gente, que no se para a mirar a su alrededor y ver lo que realmente pasa o importa.

Realmente, estas cosas son las que hacen que deje de escribir sobre lo que pienso. Al sentirme, a veces, como una gota de aceite en medio del océano. Intentaré que no vuelva a pasar y seguir con mis lineas, aunque sean escasas.